martes, 19 de julio de 2016

Alucinante.

Cuanto tiempo hacía que no necesitaba gritar nada a los cuatro vientos. Pero esto es demasiado increíble.
Alucinante. Como la canción de los Platero.
Así sois, y así empiezo a darme cuenta de que es mi vida. La vida. Y necesito gritar cómo la amo.
Alucinante. Como que me llames diez minutos antes y que me digas que venís los dos en coche . Que me digas que estás en la puerta de mi casa y que coja algún bikini. Y que me sonriais los dos y yo esté a punto de estallar de felicidad.
Recogemos a la Chica Más Guapa del Mundo, y ya si que nos vamos.
Aceleramos, y nos perdemos.
Y ni siquiera sé donde vamos tan deprisa, pero es que el viento me revuelve el pelo, la música está cada vez más alta y no puedo dejar de reírme y bailar y volver a reírme con vuestras bromas. Con nuestras bromas. Por eso no pregunto. Porque las preguntas son innecesarias y hacen que los colores se vuelvan grises. Porque es horrible la repetición de una secuencia cada día: la misma hora, la misma gente, los mismos sitios.
Pero habéis conseguido romper eso.
Y me encanta que sea así. Que nunca caigamos en la rutina. Que cada día sea una sorpresa y no una repetición de palabras vacías. Que siempre estemos arriba. Que seamos así de impredecibles. Para asustar al destino. Para que la vida no se acostumbre a nuestras rarezas.
Acabar nadando en un pueblo perdido, sin cobertura. Locos. Como solo nosotros sabemos estarlo. Y lo disfrutamos. Y yo sólo puedo dar gracias a la vida porque hayáis aparecido en ella de improviso, hace apenas unos meses. Sin necesidad de hermosas playas, ni aviones, ni habitaciones de hotel. Sin lujos. Sólo nosotros
 No puede desearse más.
Para finalmente, perdernos de nuevo. Y acabar en una casa brindando por quien sabe qué. Para volver a reírnos, reírnos, reírnos.
Nunca me había dolido tanto la cara de sonreír, qué fácil es dejarse llevar.
Qué barata es la felicidad.
Qué bonito es destrozar la rutina. Y aprender a amar la vida.


Viva mi vida.
(y las personas que irrumpen en ella)

Gracias, gracias, gracias destino.




domingo, 17 de abril de 2016

Inestable.

 No soy perfecta.  Y todo el mundo, además de mi cuaderno de delirios personales, debería saberlo.

Así que, por favor, no vuelvas a presumir de mi.
Puede que mis notas sean altas entre semana. Puede que sea cortés con los mayores. Puede que ame a mi familia y a mis amigos. Puede que lea mucho, que haga deporte, que coma sano.

Pero también sé salir del instituto, de mi casa, del gimnasio.

 Salir los viernes; y ponerme hasta el culo ; y eso no es precisamente sano. Decir muchísimas palabras malsonantes al cabo del día; y eso, sin contar todas las que pienso. Ponerme insoportable y ser desesperadamente negativa con todo lo que me rodea. Levantarme contra todo lo que me rodea. Cansarme de consejos sabios. Pelearme con mi familia y con mis amigos. Dejarme invadir por los nervios y decir cosas que no siento. Empujar a la gente cuando discutimos porque quiero que se vayan y que no me dejen tiempo para decir cosas que hieren. Mirarme en el espejo y pensar que tengo un cuerpo asqueroso, y frustrarme. Estudiar siempre el día de antes. Pasar de todo cuando más me necesitan; y apagar el móvil. Tener risa de inútil.  Acordarme cada día de cosas que debería haber olvidado. Interrumpir a la gente cuando hablan. No ser educada, e ignorar si no me importa quién se dirige a mí. Tener gustos que no comparto con nadie. No leer nunca los grupos de Whatsapp. Escuchar música demasiado fuerte.

(...)

No soy tu ángel. Y ya no me quedan fuerzas de luchar para aparentarlo. Quizá porque he probado el lado malo. Y me sienta mejor.

jueves, 14 de abril de 2016

Sobre las cosas buenas.


Y, de nuevo me sorprendo leyéndome a mí misma, viendo lo desagradecida que puedo a ser con todo lo maravilloso de mi vida; sacando hacia fuera sólo el dolor.
Yo, que sólo escribo cuando me derrumbo; durante esos momentos en los que no veo...
A toda esa gente extraordinaria que se cruza en mi vida cada día, como si de un puente se tratase, ni a todos los que secan siempre mis lágrimas y que estarían dispuestos a dar tanto por alguien como yo.
Esas risas de Paula que hacen que la vida se coloree de los colores de la vida; esas noches de olvido y pintalabios en las que solo importa aguantar al menos hasta que cierre Legend; las gotas de sudor y la sonrisa de después del gimnasio;las bromas de mis padres; el olor de casa de mis abuelos y las sonrisas de mis amigas.

Soy incluso capaz de cegarme en mi vacío y olvidarme de su risa, y de todas esas mariposas a las que me empeño en matar cada vez que viene a hablarme sobre la enorme aventura que puede llegar a ser la vida. De las muecas para que me ría en el momento menos apropiado.De esos mensajes que hacen que quiera dejar los apuntes sobre el escritorio y dejarme llevar suavemente en su dulce locura. De ese miedo a caer de nuevo, a volver a sentir algo.
Claro que, ni siquiera cuando me derrumbo, dejo de recordar ciertos ojos que pasan todo el tiempo que compartimos clavados en mi.

Me habla, y sueño con su voz.




lunes, 11 de abril de 2016

Como mi vida misma.



Es difícil explicar la manera en la que puede retorcerse tu corazón cuando escuchas una canción que parece estar escrita solo, solo, para ti. Como si hubiera algo en todo este mundo que fuera solo, solo para mí.

Te juro que quiero hacerte caso Robe pero es que es complicado no desvelarse recordando cuando ahí fuera sólo había gente que quería comprenderme, alegrarme, abrazarme, y ayudarme siempre.


Yo, que estudié al ser humano, te digo que no...que ya nada espero.

Quiero dormirme, de verdad...
Pero qué difícil es, joder. Porque mi almohada está siempre mojada. Y yo, ya no sé dejar de temblar.

Porque Robe, yo te juro que, aun sin querer amor, la busco siempre...
Y nunca, nunca la encuentro.

Duerme, que ahí afuera sólo hay monstruos
sólo hay gente
que te compra y que te vende
que te odia y que te miente
que te roba, que te mata, que te viola
y que no siente nada.





domingo, 10 de abril de 2016

Nieve.

Hoy he soñado que volvíamos de nuevo a la nieve.

Me ponía la tabla, y, tras unas cuantas lecciones, todo era deslizarse, dejarse llevar, notar el viento en la cara, sonreír y notar el aire frío enredándome el pelo. Reírnos y hablar sobre la vida tras cada bajada; y volver en coche con gafas de sol y la chaqueta en el asiento de atrás.

Pero luego abrí los ojos, y volví a encontrarme otra vez con lo mismo de siempre: un corazón siempre vacío, un montón de folios rotos sobre el escritorio, acordes tristes de La Ley Innata, un nudo en el estómago y unos ojos llenos de lágrimas...

Supongo que la nieve se ha ido ya; y ahora sólo quedan sus resquicios; frío y silencio.

sábado, 2 de abril de 2016

Silencio.

Silencio. Nadie en casa, y, como siempre, nada dentro de mi.

Siempre he amado la soledad, pero he de reconocer que es cuando más pesa el vacío del pecho y el nudo del estómago. Pesan mis huesos y mis párpados. Pesan las lágrimas de mis ojos y sobre todo las de mi corazón. Y sobre todo pesa la ausencia de todo. Pesa la evidencia del abandono y pesa el grito que esconde mi garganta,

Tengo tanto por hacer... Y sin embargo aquí estoy. Sin poder moverme por ese maldito peso. Qué ironía, el peso del vacío.

Es inevitable pensar en las formas de rellenarlo. Quizá imitando al querido Bukowski: unos cuantos chupitos de tequila, un porro, unos labios.  Supongo que todo lo que rompe el vacío tiene que ver con eliminar el pintalabios. Lo siento Charles. No me gusta ese remedio porque sólo hace que lo olvide, pero sigue ahí. Como una sombra, como un francotirador silencioso que observa detenidamente esperando...

Un poco de silencio para
disparar.