domingo, 24 de enero de 2016

Un poco menos.

Hoy es uno de esos días en los que se abre de nuevo el abismo. Una parte de mí se hace pedazos y sólo queda un hueco, que, como si de un agujero en la pared se tratase, sólo permite mirar hacia atrás.
Camino y sólo siento un nudo en la boca del estómago, el mismo que, cierto verano, me hizo perder algunos kilos.El mismo que me hacía sonreír incómoda cuando me decían que había adelgazado. El mismo... que significa que algo dentro de mí se está rompiendo.

Pero, al fin y al cabo, me lo merezco ¿no?. No está mal que algo dentro de mí se haga añicos porque... ¿No es eso lo que yo acabo haciendo siempre con todo aquello que amo? Y no importa que intente evitarlo. Siempre se me acaba deslizando entre los dedos. Siempre lo destrozo. Siempre lo hundo. Aunque después me hunda yo... supongo que eso no importa, lo disimulo tan bien que nadie se da cuenta.
Es inútil preguntarse cuando acabará todo esto cuando llevo tanto tiempo a la deriva. Este mar no tiene fin. La oscuridad tampoco. Ni un resquicio de luz, ni un poco de brisa. Creo que nunca volveré a caminar bajo el sol. Porque seguro que me abandona. Nunca volveré a confiar en él. Nunca volverá a entrar en mi vida, porque ya solo soy un juguete roto en el rincón, que merece la sombra y el polvo. Un polvo que me ahoga, que me agobia, que me hace querer huir para siempre. Pero aún no me atrevo.

Cada día, un poco más de vacío. Un poco menos de mí.

sábado, 2 de enero de 2016

On the road.

Una eterna mirada, un suspiro de recuerdo que probablemente no sea el único. Mi imaginación vuelve a volar y una enorme mariposa abre sus alas en mi estómago, al encontrarse con los ojos de... un nuevo comienzo.

Miro adelante y solo veo camino.
Y ya no me dan ganas de sentarme a mirar hacia atrás
Me dan ganas de ponerme las zapatillas y correr hacia delante, de saltar, de sudar, de reír y de llorar. De emprender una carrera loca. De tropezarme, de caerme quizá. De coger de la mano y chocar a todos los que han estado conmigo para que me acompañen en el trayecto. De escuchar día si día también lo locos que estamos. De mirar a los ojos, de encontrar a nuevas personas.  De gritar con una botella en la mano como casi todos los viernes. De sacar esa sonrisita tonta. De bailar sin parar y de cantar a todo pulmón algo de Nirvana mientras me arreglo. De esforzarme y de disfrutar cada meta que cruce.

Pero sobre todo ganas de querer. y ser querida. 
Aunque ahora que lo pienso, eso es algo que nunca me ha faltado o que siempre he tenido . Solo que no he sabido verlo.

Que el polvo en los ojos, 
no vuelva a ocultarnos
lo maravilloso
del camino.